Para
realizar una intervención debemos identificar el problema existencial que induce a la persona a la
adicción y trabajarlo desde un marco terapéutico-educativo, para lograr que
recupere su autonomía, su sentido de la responsabilidad y su capacidad para
tomar decisiones y volver a ser un miembro activo de la sociedad.
Debemos creer
en la persona, en su capacidad de cambiar y de superar las adicciones que le
han impedido desarrollarse plenamente. Considerar que la adicción es el síntoma
de un problema que reside en la persona. Este planteamiento coloca a la persona
y no a la adicción en el centro de todo el proceso.
Es muy importante la involucración y el
apoyo de la familia en todo el proceso terapéutico-educativo, por eso es necesario
trabajar con ella y en algunos casos con el entorno social más cercano (amigos,
compañeros de trabajo etc…).
La evaluación sobre la situación de cada
persona, será determinante para decidir la participación en un tipo de intervención
u otra. Así, la historia de cada persona, su nivel de estructuración personal y
social son variables decisivas a la hora de proponer un tratamiento que resulte
adecuado.
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